Preparación, Madurez, Actitud.

lunes 25 de mayo de 2009
Trabajar con un equipo de personas implica una serie de cuestiones: colaboración, comunicación, responsabilidad y objetivos. Todos los miembros del equipo tienen actividades asignadas y están esperando que los demás cumplan, para poder completar las propias.

En una empresa, más o menos es lo mismo: se forman equipos de trabajo y se tienen expectativas grupales e individuales. Básicamente, se espera que cada individuo cumpla con una serie de criterios de manera consistente. Se espera que sean profesionales.

Discutiendo con algunos colegas, he intentado llegar a la definición de profesional.

En la empresa, la primera expectativa que se tiene de la gente es que produzcan beneficios: realicen un trabajo específico, con calidad. Estamos hablando de que tengan una formación académica o, al menos, en un área de conocimientos y aplicación específica que los permita desenvolverse adecuadamente. Preparación.

Hablábamos que en nuestra realidad actual del software, la preparación de las personas ha sido insuficiente y sus conocimientos en el área son muy limitados. Expectativa 1 difícil de cumplir así. Propusimos entonces: dejemos de contratar licenciados, tomemos estudiantes técnicos y los formamos unos meses en la empresa en las herramientas que necesitamos. Sería más redituable.

Encontramos un inconveniente: ¿la gente así estaría lista para recibir la presión de un trabajo y de aceptar la responsabilidad de cumplir como profesional? Los candidatos de los que hablamos están en un rango de edad de entre 17 y 21 años. Probablemente les daríamos preparación en conocimientos, pero no podemos asegurar que tengan la madurez suficiente para concentrarse en el trabajo, o poner como prioridad su responsabilidad profesional y empezar a dejar de lado sus intereses externos. Me decía una colega: puede suceder que, además de estarlos educando en programación, también tenga que estar cambiando sus pañales.

De la mano de la madurez, encontramos que la actitud suele ser un determinante. Hemos tenido gente cuya preparación académica es impresionante, pero se niegan a trabajar o se convierten en divas. Por otro lado, tenemos gente cuya capacidad en conocimientos es menor o mínima, pero ponen mucho empeño en las actividades que les asignan. Los del primer grupo resultan perjudiciales, porque no producen. Los del segundo grupo, aportan algo, a veces es poco, pero se pueden rescatar a un par. En ocasiones, tenemos gente muy voluntariosa, sin embargo, es difícil incrementar su capacidad técnica y tenemos que prescindir de ellos.

Un profesional tiene un balance entre los tres aspectos: conoce lo fundamental de su profesión, tiene la madurez para responsabilizarse y entender que muchas personas dependen de su trabajo y que lo que hace es valioso, y su actitud le permite crecer: acepta los triunfos y los fracasos los ve como experiencias de aprendizaje.

Asentamos ahora lo que son los profesionales que necesitamos. La pregunta ahora cambia: ¿cómo los conseguimos?

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